miércoles, 2 de abril de 2014

Decisiones

Decido tomarme la vida a sorbos pequeños y entre decido y decido la vida se me echa encima cada mañana con prisa. Me pide el billete del autobús y las horas del reloj, el saludo a los vecinos, la limosna del indigente de las manos sucias que tiene cinco hijos y una mujer enferma, me pide la vida todo y me dosifico despacio mientras sonrío a pesar de los nubarrones, porque la sonrisa no cuesta nada ni tiene IVA, la sonrisa es el traje de quitan y pon que a veces me quito más que me pongo, sin embargo he decidido que si la vida me da patadas en el culo yo me pondré este traje que nunca pasa de moda para llevarlo hasta dormir, como un pijama de seda que me acaricia el cuerpo y me hace sentir bien. Porque este cuerpo mío que será incinerado tiene más cornadas que un torero, se cura solo, tiene como una piel encima de otra que me protege, es una piel  endurecida a base de caminatas inútiles y puertas cerradas, de besos secos y miradas huidas...mi cuerpo decide conmigo caminar más despacio y con cautela, intentar caminos nuevos sin moverme de mi mesa con las risas de las palomitas, porque los caminos están dentro de mí, son caminos que sólo se andan con el corazón y la sonrisa. Decido tomarme la vida a sorbos pequeños para no atragantarme con las emociones que son muchas, porque mi madre con más años que Matusalén a veces dice que le da igual morirse que no, que qué hace ya aquí aunque le digo que tendrá que soplar las cien velas, que sólo le quedan diez años. Decido templar el ánimo para cuando no esté que no me duela mucho el vacío de su silla y la ceguera de amor con que me mira. Ella no ve pero siente más que los videntes, no ve ni de cerca ni de lejos pero cuando me mira me dibuja en su recuerdo, se guía por mi voz y con sus manos me toca el pelo recién cortado el otro día. Con ella la decisión de sonreír la tomé hace mucho tiempo aunque a veces tuvimos tristezas y desencuentros, pero ocurre que solemos encontrarnos cuando la vida pasa, cuando sabemos que queda poco tiempo, cuando la sonrisa se entrena más para compensar los años de carencia, cuando la envolvemos como un regalo y la sacamos como una sorpresa que no se esperaba. He aprendido a soprenderla más, a guiarla hasta mi sentimientos sin prisa aunque quede poco tiempo, sin prisa se saborea mejor la vida y sus consecuencias. Las malas ya no importan y las buenas hay que tratarlas como a un niño chico, con mismos y canciones. Decido darle cuerda al reloj para que todavía no se pare y pueda apurar los instantes que pasaron de largo y traje de regreso. Entre palomita y palomita siento el cosquilleo y las ganas de vivir sonriendo.

3 comentarios:

A las 2 de abril de 2014, 10:37 , Blogger mariajesusparadela ha dicho...

Palomitas.
Tiernas como tu corazón, Oriol.

 
A las 13 de abril de 2014, 7:41 , Blogger Ana ha dicho...

El plato de palomitas ofrece más posibilidades de elección de las que a muchas personas les ofrece la vida, si miramos a ese subterfugio que llamamos tercer mundo no tendremos duda.

Oriol, yo le decía lo mismo a mi padre, cuando él pedía morirse porque "yo ya he hecho todo lo que tenía que hacer en este mundo, hija", yo le decía que se esperara un poquito, que tenía que soplar 90 velas, pero le faltó solo un mes, o le sobraron unos cuantos, según se mire.

Dentro de las posibilidades que nos brinda la vid, escoje, y tú que eres hábil, escoje lo mejor AHORA, no lo dejes para después.

Abrazos.

 
A las 22 de noviembre de 2017, 3:55 , Blogger yo ha dicho...

Este tipejo me ursupó mi blog

 

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